jueves, 25 de octubre de 2012

‘‘Sé la persona que Dios quiere que seas’’





Mi vida era un desastre, por calificarla así, estaba llena de cosas que me satisfacían pero no me hacían feliz. Fueron momentos en que ni siquiera distinguía entre felicidad y alegría, esto me causó confusión y me hizo ir por un camino equivocado.

Me acuerdo tan bien el día que mi vida cambió, fue un domingo después del Convivio 2012. Recuerdo salir de ahí y sentir algo en mi que no era normal, claro no lo era porque yo estaba más del lado ‘‘oscuro’’ que del lado de Dios; era esa felicidad de haberme encontrado con Jesús, si fuera fácil de explicar  lo diría,  porque  estoy convencido de que  hay que vivirlo para entenderlo,  no por un día, sino  por siempre.

Yo no soy ningún sacerdote, tampoco  teólogo, solamente soy un joven que anhela revivir esa fé, ese amor a Dios en los jóvenes que lo han perdido en la actualidad y mantenerlo en aquellos que si lo viven. Mi objetivo no es dar a conocer muchas verdades que se ignoran, sino hacer que se las vuelva a vivir y que todos descubramos la perfecta felicidad que podemos alcanzar si somos constantes en su búsqueda, en la cual el Señor es la llave, la clave para encontrarla.

Para ayudar a fortalecer el corazón de las personas, me enfocaré en el tema de la pureza. Hoy en día las personas han perdido este valor, que es uno de los más importantes,  porque la pureza influye en nuestra felicidad. Para hablar de este tema,  no solamente he leído libros como ‘‘Masculinidad Pura’’, sino que también he asistido a charlas de Fray Nelson y del P. Jürgen Daum.

Un estereotipo común de los hombres, sobre todo los jóvenes, es que son seres inmaduros y sin valores que solo buscan placer; también existen  mujeres que no se hacen valorar.  Estoy escribiendo esto para ayudar a ambos sexos a mejorar sus vidas y que se preocupen por tener un corazón puro, ‘‘Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios’’ (Mateo 5,8).

Me da pena y me preocupa mucho la visión de los hombres hacia las mujeres, ellas están como objetos sexuales, juguetes de placer. Yo leí Masculinidad Pura de Jason Evert, y de ahí saqué esta frase que me llamó mucho la atención: “Hasta que un hombre sepa que es un hombre estará tratando de comprobar que es uno”.




¡QUE DIOS LOS BENDIGA!

Diego Farfán - 5º curso