miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Cuál es la esencia del guayaquileño?



No sé si Guayaquil hace al guayaquileño o el guayaquileño hace a Guayaquil, más por todos los comentarios oídos tanto por inmigrantes de otras provincias como por aquellos de otros países que juran sentirse guayaquileños, tengo casi la plena convicción de que Guayaquil hace al guayaquileño . Esta cálida ciudad abre su corazón a la gente e invita a la vida, inspira fe a la prosperidad producto de la comunión al convivir sin egoísmos. En Guayaquil no solo se siente, si no que se vive el rompimiento del sectarismo sembrado en el corazón de las generaciones nacientes de una conquista europea buscadora de poder y no de un servir. 

Su imponente Guayas y su estero, pujantes soberanos corren a diario hacia el inmenso océano, llenán-donos de la certeza de que nuestras almas son gotas de rio que juntas se unifican en un golfo para entregarse a un inmenso mar, lo que nos quita las vendas de los ojos para inte-grarnos como “ñaños”. En el guayaquileño no hay protocolos, hay camaradería. En el guayaquileño no hay “di-plomacia”, hay amor y verdad. Franco, valiente, entregado, abraza a su ‘’yunta” antes de tomar asiento en un banco y servirse el encebollado de la mañana, en el “huequito” del que se ha “regado la bola” y ahora tiene fama. Un partido de futbol une “más que la brujita” a los panas. 

El malecón ha sido es y será el rincón de todos, lugar de encuentros, de escapes, de fotos; inicio de un ir a “estirar el billete” en la Bahía. Falseta o genuina, es ahí donde se consigue “la parada” con la que bien “encanchinado” iras a la farra. Puerto sinónimo de aventura es Guayaquil, donde el pujante comercio caracteriza a la ciudad, porque sus mujeres y hombres emprendedores forjan sus trabajos, mujeres inge-niosas engalanan las vitrinas, al igual que parques y barrios. Son los guayaquileños el puño de una mano cuando el honor de la ciudad es por alguien mancillado. Guayaquil se forja día a día y sus habitantes imitando a Olmedo; son poetas, hé-roes, guerreros de la independencia diaria, luchadores y formadores de su destino. 

Con el persignarse diario, los guayaquileños, saben que el Cristo los acompaña y que ante el Cris-to del consuelo agachan sus rodillas soltando vanidad, ego y orgullo. Esta es la identidad guayaquileña, la de un ciudadano que siempre mira hacia adelante, que no se dejan de-rrotar fácilmente; encuentran la manera de crecer y mejorar en sus talentos día a día, conocedores de su ciudad y del esfuerzo. El guayaquileño es un ser orgulloso, trabajador, espontaneo y sobretodo acogedor. 

Valerie Bustos
9no. año de básica

¿Qué es ser Guayaquileño?





Llegar a una nueva ciudad y adaptarse a ella no es tarea fácil. Las ciudades están llenas de costumbres, tradiciones, palabras, comidas y hábitos ajenos en los cuales es complicado encajar. Personalmente, he pasado por esta situación varias veces y nunca me he sentido tan a gusto con un cambio de vida como cuando llegué a Guayaquil. Aunque no nací aquí, solo llevo 3 años viviendo en la ciudad, una gran parte de mi corazón le pertenece, y esto no es fácil de conseguir. El hecho de que una ciudad pueda enamorar a una persona en poco tiempo y hacerla sentir parte de ella, es extraordinario. Así aprendí que ser guayaquileño no es tener un papel que diga que nací aquí, ser guayaquileño es amar la ciudad, su gente y su cultura. Es vivir sus contrastes.

Es asombroso ver lo rápido que un extranjero se puede sentir parte de Guayaquil. Aquí es completamente normal que una mujer cocine algo y lo vaya a dejar a la casa de cada uno de sus vecinos, o que se organice una cangrejada y que todos estén invitados (los que se conocen para compartir un momento, y los que no, para conocerse y formar amistades). Recuerdo una vez que mi mamá estaba enferma y mis vecinas cocinaban para nosotros. Estas cosas no ocurren en todos lados, es un calor humano especial, algo que te hace sentir que perteneces aquí.

El guayaquileño mantiene un estilo de vida contrastante; ocupado y apresurado, pero relajado y tradicional al mismo tiempo. En el día todos andan apurados: los carros a exceso de velocidad y la gente que corre sudando, pero al parecer sin notar el clima a veces inaguantable que hay a su alrededor. Por lo contrario, en la noche, se ve una ciudad relajada. Habitantes tranquilos y apegados a lo tradicional. Una caminata en el malecón o en los parques, con un sabor a romanticismo porteño que yo consideraba ya olvidado, son acompañadas de un clima fresco perfecto para la noche. 

Estar en Guayaquil, es empezar los sábados y domingos con un encebollado, después de la “chupa” del día anterior. Amar la menestra, el seco de pollo, la guatita y el verde. Ir a la bahía, porque ahí se consigue todo y más barato, aunque seas un pelucón. Aguantar las farras de tus vecinos en la noche. Ver una iguana cruzando una calle en el centro totalmente transitada. Ser Guayaquileño es tomar la vida con humor, celebrarla. Es ser parte de la ciudad, amarla y vivirla tal como se presenta.

Juliana Sierra
5to. "A"



 “Tú eres perla que surgiste
del más grande e ignoto mar,
(…)
con tus bellas Guayaquil;
Guayaquil de mis ensueños.”
-Guayaquil de mis Amores, Julio Jaramillo.

jueves, 26 de septiembre de 2013

El FENIX




Seudónimo: Adaline Barsetti

Levantando la vista, el águila vio al Sol.
Una belleza imprevista, sólo eso bastó;
una mirada, y deseó imitarlo.
El águila sus alas abrió.

Impulsada por un sueño,
persiguiendo su pasión.
Oh, ¡Cuánto deseaba el águila
llegar a ser como el Sol!

Cegada por una esperanza,
atrás todo dejó,
Olvidando lo más importante.
El viento más alto la llevó.

Faltando tan poco para llegar
la luminiscencia la cegó,
Oh, ¡Cuánto deseaba el águila
poder nuevamente ver al Sol!

El viento ya no la acompañaba,
y hasta el suelo la llevó.
No fue suave su bajada,
y al aterrizar, se rindió.

Sus alas en llamas; y el fuego
pretendía consumir su corazón
pero llegó la sabia lluvia
y el dolor de sus heridas apagó.


Tardó en recuperarse un tiempo;
una nueva sabiduría le acompañó.
Gracias a esta, el ahora Fénix
de las cenizas resurgió.

Con la mente ya en suelo,
finalmente su vista volvió.
Y aclarando su objetivo,
de una rama se impulsó.


EL FÉNIX
Seudónimo: Adaline Barsetti
Elisa Silva

Junto a mi soledad, te olvido



Seudónimo: Kittieb Demm

 Mi soledad grita,

de dolor y tristeza, grita.

Mi  soledad tiene voz,

es potente y no se deja callar.



Mi voz, hoy  me secuestra

aunque sé que

solo esta noche.

La siguiente,

empezará a callar.



En su último sollozo

tu nombre dejará de reclamar

pues mi espíritu

defraudado está.



Mi soledad me hablaba,

imploraba que te llame,

Me decía que te busque.

Pero mi orgullo

la enmudeció.

Y honestamente, esta noche,

decido no escucharla más.



Todo en ti lucía perfecto

Tu resplandor, ciega me mantuvo.

Mentiroso,

hoy he descubierto

tus juegos  y trucos.



Le diré a mi soledad

que soporte el dolor,

y  se vaya como tenía planeado,

esta noche.

Me he fortificado

y la siguiente

en el pasado habrás quedado encerrado.

…Olvidaré tu falsa compañía





JUNTO A MI SOLEDAD, TE OLVIDO

Seudónimo: Kittieb Demm
Doménica Estéfano

Sociedad Indagadora, ¿Apremiada o Esclavizada?




El hombre no está hecho para quedarse de brazos cruzados mientras su entorno le ofrece las ventajas necesarias para progresar como especie.

Aristóteles sostiene que: “El hombre es un animal racional y político”. El ser humano por naturaleza es rebelde y racional, es la máquina perfecta para la investigación. En el pasado era habitual que la clase alta, fuertemente marcada y separada del resto, prefiriera que el pueblo permaneciera ignorante, así se disminuía el riesgo de una revolución. Esto se puede observar en la obra “El Perfume” de Patrick Süskind, que se desarrolla en Francia en el siglo XVIII, todo esfuerzo fue en vano contra una revolución inminente. Los monarcas y nobles que se atrevieron a resistirse al conocimiento fueron amenazados de muerte por el pueblo. La exploración desde el origen de las sociedades, ha sido el aniquilador de la ignorancia.

El hombre siempre desconoce algo, no es posible saberlo todo. Pero la pregunta es: ¿Deberíamos saberlo todo? Se dice que “la ignorancia es felicidad” en ocasiones, tristemente asentimos con la cabeza al escuchar esa premisa. El pueblo vive tranquilo sin conocer muchas verdades. ¿Es acaso deber del Estado revelarnos información importante?

Actualmente la noticia que sacudió al mundo, es el caso de Edward Snowden. Por medio de él se conoce que el gobierno de los Estados Unidos invade la privacidad mundial. “Snowden desató un juego del gato y el ratón desde que reveló que el gobierno estadounidense tiene acceso a millones de registros telefónicos y a los servidores de las principales compañías de Internet.” Noticias como esta sacuden al mundo y exigen respuestas.

Nuestros tiempos impulsan al hombre a ser indagador, a no estancarse en dogmatismos, a siempre ir más allá en la búsqueda de conocimiento. Nosotros lo vivimos a través del programa del Bachillerato Internacional que es una de las oportunidades que brindan a nivel mundial muchos colegios. Esperemos que en un futuro no tan distante se siga reconociendo y apoyando a las mentes que buscan y degustan del placer del conocimiento.



Raúl Soria Delgado
II de bachillerato B